Dietistas-Nutricionistas. Usos e intrusos

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Dietistas-Nutricionistas. Usos e intrusos

Me parece crucial iniciar la sección de artículos reflexionando sobre cuál es el papel del Dietista-Nutricionista en nuestra sociedad, ya que, si bien cada vez más personas utilizan nuestros servicios, no todas tienen una visión veraz de nuestras competencias en el ámbito de la salud individual y pública.

Esclarecer las dudas y confusiones que suscita nuestra profesión os permitirá conocer nuestra verdadera labor y diferenciar un personal cualificado del que no lo es: el intrusismo laboral en el ámbito de la nutrición (como en otras muchas profesiones) está a la orden del día.

EMPECEMOS DIEFINIÉNDONOS:

Tal y como se recoge en la Ley 44/2003 de 21 de noviembre de 2003 sobre Ordenación de las Profesiones Sanitarias “Un dietista-nutricionista es un profesional de la salud, con titulación universitaria (Diplomado o Graduado Universitario en Nutrición Humana y Dietética), reconocido como un experto en alimentación, nutrición y dietética, con capacidad para intervenir en la alimentación de una persona o grupo, desde los siguientes ámbitos de actuación: la nutrición en la salud y en la enfermedad, el consejo dietético, la investigación y la docencia, la salud pública desde los organismos gubernamentales, las empresas del sector de la alimentación, la restauración colectiva y social”.

Por otro lado, en este documento donde se recogen las funciones y competencias del Dietista – Nutricionista en diferentes ámbitos con funciones específicas en cada uno de ellos. Cito textualmente:

1. “El dietista clínico actúa sobre la alimentación de la persona o grupo de personas sanas o enfermas (en este caso después del diagnóstico médico), teniendo en cuenta las necesidades fisiológicas (o patológicas si es el caso), preferencias personales, socioeconómicas, religiosas y culturales. Puede desarrollar sus funciones como dietista clínico”

2. “El dietista comunitario o de salud pública (prevención y promoción de la salud) actúa sobre la población en general, desde entidades diversas, desarrollando y participando en programas de políticas alimentarias, de prevención y salud en general, y de educación alimentaria, dentro del marco de la salud pública y la nutrición comunitaria”

3. “El dietista en restauración colectiva participa en la gestión y en la organización, y vela por la calidad y la salubridad de los alimentos durante todo el proceso de producción. Forma al personal del servicio de alimentación en materia de seguridad alimentaria, planifica menús y valora el equilibrio nutricional de la oferta alimentaria”.

4. “El dietista en la industria asesora en la innovación de nuevos productos y en el marketing social relacionado con la alimentación”.

5. “El dietista docente actúa como formador en centros públicos y privados en los que se imparten conocimientos sobre alimentación, nutrición y salud”.

6. “El dietista investigador está capacitado para integrarse en un equipo multidisciplinar de investigación y desarrollo. Potencia la investigación en el área de la alimentación, la nutrición y la salud”.

Hasta aquí, cuando uno lee detenidamente los 6 ámbitos de actuación de un dietista-nutricionista supone que, verdaderamente somos bastante útiles en la sociedad y que los estamentos gubernamentales velan para que nuestra profesión esté reconocida en el Sistema Nacional de Salud (puntos 1 y 2).

Pues nada más lejos de la realidad señores/as: a día de hoy, pese a estar reconocidos por la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, España es el único país de la Unión Europea que no cuenta con nutricionistas titulados en la Sanidad pública ni en atención primaria ni hospitalaria, conllevando así un altísimo índice de desnutrición hospitalaria entre los pacientes ingresados entre otras cosas. En este aspecto es de agradecer la gran labor de lucha que está haciendo la asociación de nutricionistas y dietistas “Dietética Sin Patrocinadores” bajo el lema “Sanidad desnutrida”.

PORQUÉ NECESITAMOS DIETISTAS-NUTRICIONISTAS?

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), en los países desarrollados 3/4 partes de las muertes se deben a enfermedades directamente relacionadas con la alimentación. Además, según el estudio ALADINO 21013 de la AECOSAN (Agencia española de Consumo, Seguridad alimentaria y Nutrición), la prevalencia de exceso de peso en niños y niñas de 7 y 8 años se sitúa en el 43 % (24,6 % con sobrepeso y 18,4 % con obesidad), hecho que aumenta el riesgo de convertirse en adultos con problemas de salud relacionados con la obesidad: enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial o diabetes.

Ante esta situación creo que hay razones suficientes como para integrar la figura del dietista-nutricionista en la sanidad pública y para muestra, el caso holandés me va de perlas.

En Holanda, tras despreciar la figura del nutricionista en atención primaria, se elaboró un informe para evaluar el coste/beneficio de la actividad de estos profesionales con resultados asombrosos: se estimó que en un período de 5 años, el tratamiento de los pacientes con obesidad y sus enfermedades relacionadas supondrá un ahorro de entre 0,5 a 2,3 mil millones de euros y que, por cada euro invertido en el asesoramiento dietético de estos pacientes, la sociedad recibirá a cambio un neto de entre 14 y 63 euros, además de mejorar de la calidad de vida del paciente, reducir el número de bajas y los tiempos de listas de espera y hospitalización.

Otro informe elaborado en 2009 por la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN) también constata los beneficios que obtendría el Sistema Nacional de Salud a través de la incorporación del dietista-nutricionista, pero a diferencia del caso holandés, seguimos ninguneados.

ENTONCES, QUÉN REALIZA NUESTRA LABOR?

Hoy en día, la asistencia dietética en hospitales públicos o atención primaria es realizada normalmente por médicos, endocrinos o enfermeras, cuya formación en nutrición es escasa (en esta entrada encontrareis las diferencias entre nutricionista y endocrino, que tanta polémica suscitan). Sin ir más lejos, en mis prácticas de estudiante en un centro de atención primaria, el servicio de nutrición estaba al mando de una (majísima) comadrona. Por si esto fuera poco, nuestro sector está en alza, y esto ha animado a muchos “pseudo-nutricionistas” a realizar nuestras funciones de forma intrusiva y poco responsable ya que por ley, para ejercer de dietista, es necesario poseer el título académico oficial de diplomado en Nutrición Humana y Dietética establecido en el Real Decreto 433/1998, de 20 de marzo. En este aspecto resulta curioso que el concepto “experto en nutrición” (que da pie a muchas confusiones acerca de la titulación oficial de ese profesional) sea cada vez más común y oído en muchos medios de comunicación y, aceptémoslo, es muy fácil hablar de “dietas”. Hasta la vecina del 5º os puede recomendar dietas para ésto y para aquello porque a ella le ha ido muy bien o lo ha leído en no-sé-qué-sitio. Mi consejo: filtrad la información y huid del “amimefuncionismo”: de nada os va a servir. Cada profesional debe saber los límites de sus competencias y dedicarse a lo suyo (véase la ejemplificación en éste artículo de mi compañero de profesión Juan Revenga), de la misma manera que yo nunca me atrevería a diagnosticar una patología o a realizar un masaje terapéutico para una lesión de cuádriceps, por razones éticas y porque, aún teniendo alguna noción, ejercer de algo que no es propio de mi profesión podría causar daños irreversibles a los pacientes.

Así pues, ahora que ya conocéis nuestra labor (recomiendo también la lectura del post “Qué NO es un dietista nutricionista”), os animo a hacer un uso consciente de nuestro colectivo pero sobretodo, a comprobar la titulación del profesional antes de llevar a cabo una intervención dietética sea del tipo que sea. Os estáis jugando algo muy valioso: vuestra salud.